Salgo de misa y me encuentro a Marx.
Yo: ¡hombre Santa Claus! Ahh no que eres Marx, es que la barba y eso…
Marx: que gracioso Mario.
Yo: no te sentaría mal un trabajo durante navidades disfrazado de Santa Claus escuchando lo que quieren los niños, además, tú que eres tan altruista… te pega.
Marx: si me sirve para transformar la realidad… así inculco a los niños desde pequeños que no hay que ser egoísta con sus juguetes y esas cosas, es perfecto. Me lo miraré. Aunque no se me pagará como es debido, pero bueno… ¿Y tú de dónde vienes?
Yo: yo de la catedral.
Marx: de turismo eh? La verdad es que es bonita esta catedral.
Yo: no, vengo de misa.
Marx: ¿de misa? Ah, bueno será para reírte un rato de esos pobres desgraciados que viven en su propia mentira.
Yo: que no, que vengo de misa, como todos los domingos a tener un encuentro con nuestro Señor.
Marx: ¿nuestro? ¡Será el tuyo! Mario, no me esperaba esto de ti, siempre te vi decidido a mover el mundo.
Yo: ¿cómo osas reírte de nuestro Padre Celestial? Voy a presentarle mi amor y a expresarle mi sufrimiento y que me acoja en el futuro en su gran ciudad. Creo que te vas a quedar aquí abajo en el final de los tiempos.
Marx: me río yo de vuestra creación hecha para echarle todas vuestras miserias y a llorarle.
Yo: mira, vente conmigo el domingo que viene a misa conmigo.
(Ese domingo durante la misa…)
Marx: ¿así que este es el lugar donde los alienados como tú os juntáis a expresar vuestra miseria a Dios?
Yo: sí, de hecho ayer me bajaron el sueldo y aquí se lo cuento.
Marx: ¿ves? ¿No te das cuenta de que la economía capitalista es la que te hace venir aquí, eres un esclavo que sufre y encima te conformas? Revélate contra el sistema y verás como acaban tus desgracias y vivirás feliz.
Yo: no pasa nada, si esta vida no cuenta, me da igual el sufrimiento porque “bienaventurados sean los que sufren porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
Marx: Mario, me preocupas, esto no puede ser.
(Marx se sube al altar)
Marx: querido pueblo, como ya sabéis la droga es muy mala, como la cocaína, la heroína… pero, ¿no os dais cuenta de que aún así os estáis drogando todos los domingos? Os preguntaréis con que droga… con Dios, Dios es vuestro opio. Y para ayudar a dejarla, porque es muy mala, revolucionemos la sociedad,¡¡¡¡ hagamos del poder de la burguesía un poder de todos!!!!
Murmullos: ¿pero qué dice el de la barba?
Persona1: ¡cállate y vete a raparte la barba!
Persona2: ¿Dios? ¿Opio? ¿Eso se fuma?
(A la salida)
Marx: es inútil Mario, pero no me rendiré,¡¡ no pararé hasta que todo el mundo realice su praxis!!
(Al cabo de los años, Marx consigue numerosos apoyos)
Yo: ¡Marx, amigo! Me he forrado en estos años con mi nueva empresa.
Marx: vaya, ahora eres un alienador más… qué poca vergüenza.
Yo: yo también me alegro de verte eh… y yo que te iba a ofrecer ser mi socio para así aprovecharte de los beneficios de mis trabajadores…
Marx: no caeré.
Yo: caerás.
Marx: no
Yo: oh, se me han caído 15000€ del bolsillo, igual podrías recogérmelos.
Marx: emm… bueno… igual…
Yo: Marx no seas tonto, coge el dinero y corre.
(Marx se vuelve socio de Mario, cayó en las garras del capitalismo, dejando atrás a sus seguidores que se revelarán contra él con su propia ideología)
Marx: (acorralado por el proletariado que le acusa de traidor): sabía que no tenía que haber cogido el dinero...
Escrito por Mario González.
FIN
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