Tal era la costumbre escocesa de beber whiskey que Hume al llegar a Madrid extrañaba ese whiskey escocés de su tierra. De tal modo que decidió una noche salir por Madrid y beber hasta encontrar un alcohol lo más parecido al que tanto echaba en falta. Fue tan difícil la búsqueda que Hume acabó en un estado pésimo de embriaguez entrando en una discoteca de la alta esfera madrileña. Y así fue como el gran filósofo conoció las costumbres de los jóvenes españoles de emborracharse y salir de fiesta en locales con música electrónica donde el bailar se sustituye por saltar al ritmo de la canción, y hablar y socializarse pasa a ser gente borracha intentando mantenerse en pie.
Se hicieron las cuatro de la mañana y Hume se dispuso a utilizar los lavabos, y así fue como entabló conversación con un joven que también estaba haciendo cola para poder hacer sus necesidades.
Hume: Buenas amigos, ¿es esta la cola para usar el urinario?
Joven: ¿Tú? ¿Y este pavo? Vaya viejales colega, pero sí.
Hume que escuchaba atentamente la conversación de los jóvenes que discutían la hora de volverse a casa decidió intervenir.
Hume: He oido lo que decías de que tienes que volverte a casa en media hora porque mañana madrugas. Pero claramente te puedo decir, sin conocerte, que no lo harás.
Joven: ¿Pero qué me estás contando?
Hume: Nada, es demasiado complejo.
Joven: Tú, no me vaciles, eh.
Hume: Mira, por lo que tengo entendido, intentas obrar por la razón, pero los sentimientos son más poderosos. Y aunque sepas que has de irte ya a casa, el sentimiento de disfrutar de esta noche va a hacer que te quedes.
Joven: Pero si no me conoces. Yo voy a hacer lo que quieras.
Y así fue como tras una hora Hume se volvió a encontrar al joven que, por supuesto, aún no se había ido a casa.
Hume: Te lo dije, los sentimientos son lo que hacen que obres, no la razón. (Con tono jocoso)
Joven: Pues que sepas que te equivocas, solo sigo aquí porque he perdido mi cartera. (Mintió el joven)
Hume: No creo que me equivoque.
A las seis de la mañana cerraron la discoteca y Hume, satisfecho con la noche, decidió volverse a su casa. Pero cuál fue su sorpresa cuando se encontró al joven en la salida.
Joven: No me digas nada eh, que bastante tengo ya que en dos horas tengo que levantarme.
Hume: Ves, al final los sentimientos han ganado a la razón. Te han impulsado a obrar y a quedarte con tus amigos sin pensar en las consecuencias.
Joven: Ya bueno, pero ahora voy a estar somnoliento todo el día.
Hume: Ese es el poder de los sentimientos, la pasión es la que identifica lo placentero con lo bueno y lo doloroso con lo malo. Por lo tanto puedo decir que terminarás durmiendo en casa, o te quedarás dormido, por el mero hecho de no sufrir.
Joven: Ya verás como no, tengo un examen y no puedo dormir, voy a estudiar. Tengo que aprobar para poder seguir con mi carrera.
Hume: Ya te he dicho, amigo, que la razón no puedo impulsarte a obrar, y al final serán los sentimientos quienes acaben gobernando. Me apostaría lo que quieras a que terminarás durmiendo hasta tarde. Por el mero hecho de que será, además de placentero, más útil para ti, ya que estudiar sin haber dormido es poco provechoso.
Joven: Bueno visto de ese modo, la verdad es que estudio mejor si le pongo ganas, y para eso tengo que estar descansado.
Hume: De nada, y buenos días.
Y así fue como Hume, tras salir de fiesta, le hizo ver a un joven el poder de los sentimientos sobre el resto de cosas.
entrada de Gustavo Manzano
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