martes, 19 de mayo de 2015
Aristóteles cuidando a un niño
Aristóteles: ¡Sobrinito! Ya he llegado a casa. ¿Cómo te va todo?
Sobrino: Estoy muy preocupado tito… ¿Recuerdas lo que me dijiste acerca de la felicidad y todo eso? Pues no me enteré mucho… Le he dado vueltas y no lo logró comprender…
Aristóteles: Mira que eres pesado eh… Ya te lo he tenido que contar cuatro veces y sigues sin entenderlo…
Sobrino: Venga tito… Te prometo que esta será la última vez que te lo pido…
Aristóteles: ¿Recuerdas cual es el carácter de la ética?
Sobrino: Tenía un carácter… ¿eudemonista?
Aristóteles: Claro que lo tiene. Debemos buscar aquel bien que nos ayude a alcanzar la felicidad.
Sobrino: ¿Ese bien cual podría ser tito? ¿Podría ser una bolsa de gominolas? Puede que sea la riqueza… Con el dinero se pueden hacer tantas cosas…
Aristóteles: Pero mira que eres cenutrio… ¿Cómo va a proporcionarnos felicidad algo así? Las gominolas no son algo estable. Con el tiempo te las comerías todas. Y la tontería de la riqueza… Madre mía, que verde estás. El bien que nos proporcione la felicidad debe ser perfecto y suficiente, debe buscarse por sí mismo, debe estar relacionado con aquella virtud que sea propia del hombre y debe hacer al hombre moralmente bueno. Y que no se te olvide otra vez lo de la estabilidad…
Sobrino: Entonces… ¿qué bienes son los correctos?
Aristóteles: Los correctos son los del alma.
Sobrino: ¿Algo como el amor?
Aristóteles: Recuerda que debe ser algo propio del hombre… Lo único propio del hombre es la razón. Debido a esto la felicidad debe consistir en la actividad racional.
Sobrino: ¿Puedes ponerme un ejemplo para que se me quede bien?
Aristóteles: Bueno… pero sólo uno que te pones muy pesado. Un ejemplo sería el del cirujano al que le gusta la cirugía. Puede desarrollar esa habilidad mediante la razón lo que le hará bastante feliz. Espero que ya con todo lo que te he contado no olvides nunca que la felicidad es la actividad racional del hombre dirigida por la virtud.
Sobrino: ¿Virtud? ¿Qué es eso tito?
Aristóteles: Pfff… Mira… eso ya te lo contaré otro día…Eres más pesado…
Sobrino: ¿Sabes a quién me encontré a la salida del cole? Vi a Platón que estaba recogiendo a su nieto del cole y me preguntó por ti. Le hablé acerca de lo que recordaba de tu ética y me dijo que estaba mal porque…
Aristóteles: ¡QUE NO HABLES CON ESE HOMBRE! Ya me tienes harto. Seguro que te habrá contado tonterías sobre vete tú a saber que mundo de ideas trascendentes y sobre la purificación. Tienes que ser feliz aquí y ahora. Tú a ese ni caso. Menos mal que he escrito acerca de todos los temas sobre los que él escribió... ¡Anda mira, ha llegado tu madre! Me voy enano. Hasta otro día.
Sobrino: Gracias por todo tito. Hasta luego.
Publicado por Alba García
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