domingo, 3 de mayo de 2015

Había una vez.... Un circo que alienaba siempre al trabajador... ♫♪


El público se levantó atónito, sin palabras, unos aplausos secos se escuchaban desde las últimas filas. El presentador decidió a despedirse, pero se encontró con un público molesto y callado.
-  Gracias por venir, nuestra familia circense les desea una feliz noche. Perdonad por lo ocurrido… Y no se devuelve el dinero. 
Dos horas antes.
Antonio era el dueño de un circo, no solía ganar mucho, pero vivía bien. El circo contaba con una domadora de leones, unos siete payasos, dos trapecistas, un mago, animales y lo que era para Antonio una serie de ‘’monstruos’’.
Jennifer: ¿Dónde está Antonio? Los leones llevan sin comer 3 semanas, casi me quedo sin mano en el espectáculo anterior.
Rebeca: ¡Eres un tirano! Ojalá te mueras… ¿Cómo me haces esto después de todo?
Antonio: A TRABAJAR DE UNA PUÑETERA VEZ, VAGAS, que sólo sabéis quejaros, en 10 minutos quiero todo listo, ¿queda claro?
Cabreado, se metió en su caravana no sin antes tirar al suelo a Rebeca. Javier salió corriendo a ayudarla.
Javier: Rebeca, ¿estás bien?
Rebeca: Tenemos que irnos, Antonio quiere quedarse con nuestro hijo…
Antonio: CON TODOS USTEDES, EL CIRCO HA LLEGADO A LA CIUDAD.
Sonaba una dulce melodía, mientras los niños y las familias se iban colocando en sus asientos, si querías podías subirte a un elefante y hacerte una foto o comprar algodón de azúcar. Todo hasta entonces era un idílico día de circo hasta que Rulfo el elefante se desmayó y calló desplomado.
Antonio: Llevaros a la cosa está de grasa y cambiarla por el avestruz.
-  Con todos ustedes, los trapecistas.
Los trapecistas volaban por debajo de la carpa, sus movimientos eran ágiles pero Javier no estaba concentrado y calló al pasillo dejando a Rebeca sola en las alturas.
-  Y ahora, unos seres tan desagradables que tendréis pesadillas para el resto de vuestra vida: EL HOMBRE ELEFANTE, LA MUJER UNICORNIO Y EL NIÑO DÁLMATA.
Nada más salir al escenario rompieron a llorar… Al público le dio tanta pena que abuchearon a Antonio cuando volvió a aparecer, tirándole bocatas, botellas, todo lo que tenían a mano.
Desesperado dio entrada a los payasos, en que mal momento, 3 payasos fueron ingresados por una crisis de ansiedad y a otro le dio un infarto.
-  Esto… esto es todo.
El público se levantó atónito, sin palabras, unos aplausos secos se escuchaban desde las últimas filas. Antonio decidió salir a despedirse, pero se encontró con un público molesto y callado.
-  Gracias por venir, nuestra familia circense les desea una feliz noche. Perdonad por lo ocurrido…Y no se devuelve el dinero.
Antonio: ¿QUÉ HABÉIS HECHO? BUENO, BUENO, BUENO…. NO VAIS A COBRAR HASTA QUE LAS SERPIENTES SEPÁN TOCAR EL PIANO, ME DA IGUAL QUE NO PODAIS VIVIR, HABER ESTUDIADO… PERO BUENO NO OS PREOCUPEIS QUE EN LA PRÓXIMA VIDA…. TENDRÉIS LO QUE OS MERECÉIS.
Marx: Y usted en ésta, tendrá lo que se merece: una celda y una fianza que necesitará: esta, la siguiente y la siguiente para pagarla.
Antonio: ¿Tú que haces aquí? Lárgate.
Marx: Un respeto, ¿eh? He estado observándoos, y tengo muchas cosas que decirle, ¿Usted quién se cree que es? ¡Explotador!
Antonio: ¿Qué he hecho mal? A ver, a ver…
Marx: ALIENAR, te parecerá poco. No te has librado de ninguna alienación… Alienación económica, social, en el trabajo…
Antonio: Alienígena será tu familia.
Marx: ¿Cómo hay gente así aún por el mundo? Una alienación consiste en exteriorizar algo que me pertenece y considerarlo como perteneciente a otro, como hace referencia a una pérdida es un término muy peyorativo.
La primera que he visto, la económica; cómo eres el dueño de los medios de producción, ejem del circo, te crees lo suficientemente macho como para alienar al trabajo de esta pobre gente y a ellos…
¿Cuánto cobráis? UNA MISERIA, os lo digo yo ya sin hacer números, se lucra a vuestras espaldas, no os paga por lo que hacéis sino por vuestra fuerza de trabajo, esas manifestaciones artísticas en el aire, esos trucos de magia que hacéis os representan. Tú no eres nadie sin tus leones, y tú sin tu chistera y tu conejo ¿No veis que al alienar vuestro producto de trabajo, os alienáis también a vosotros? Rebeca eres un ser para Antonio, igual que tú Jennifer, y cómo tu Felipe…
Y no digas que se benefician, porque sólo te beneficias TÚ. El trabajo es denigrante.
Y ya lo que acaba de decir… ¿Dios? ¿Enserio? Más excusas no se te podían ocurrir, ¿verdad? Dios no existe, es una ilusión, una ‘’felicidad celeste’’ para amortiguar vuestras desgracias. ¿Tiene lógica que Dios quiera quedarse con tu hijo Javier para que el circo siga funcionando como hasta ahora? NO. La religión es una consecuencia de la miseria, de una sociedad injusta por la culpa de capitalistas, negreros, usureros como es Antonio… Ellos trabajan por su familia, ¿sabes lo que le ocurre a Gustavo con su mujer y sus 3 hijos? ¿Y a Rodolfo con el tema de Hacienda? Son simples marionetas de tu función, payasos que tintan su vida con maquillaje y falsas sonrisas para llevar un triste salario para alimentar a sus seres queridos… Y tú les vendes humo…
Yo os he visto en el escenario, valéis muchísimo y seguro que más de lo que cobráis pero él os paga beneficiando sus intereses. Se llama plusvalía lo que el recibe de más del trabajo vuestro.
Mientras él se hace de oro se va distinguiendo más ambas clases sociales, y sólo poséis vuestra fuerza de trabajo pero decid NO a la explotación, decid NO a las alienaciones.
Os debéis liberar y recuperar vuestro ser perdido ante el capital y Dios. Y para eso deben desaparecer tanto la propiedad privada como las clases sociales.
Siento ser así de claro amigos pero quiero acabar con la alienación, eliminar toda explotación y evitar que os convirtáis en mercancía. Me gusta trabajar por la humanidad.
Y acabaremos con las alienaciones mediante una acción revolucionaria y violenta si es preciso, ¿me has oído Antonio?
Antonio: ¿Te crees que con un discurso del tres al cuarto te van a seguir? ¿Dónde vivís chicos? Ah es verdad aquí en mi circo. ¿Van a perder todo por 5 palabras y media? Largo antes de saque la escopeta.
Los feriantes permanecieron inmóviles, callados, Antonio sonreía por dentro; había ganado… Marx decidió dar la media vuelta pensaba que esta solo pero poco a poco los payasos, los trapecistas fueron uniéndose con él. Todos se dirigían a la calle hasta que Antonio se interpuso con la escopeta:
-  De aquí no sale ni Dios.
Al estar trucada disparó y con tan mala suerte rebotó en una rueda que había por el suelo y le dio en la cabeza cayéndose.
Marx: Menos mal que no existe Dios y no te va a juzgar porque no te iba a gustar dónde ibas a acabar. 
Adrían Gacio

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