JUEZA: Buenos días señor.
DESCARTES: Buenos días señoría.
JUEZA: Tome asiento, por favor. Bien, ¿por qué está usted aquí?
DESCARTES: Verá señoría, he logrado establecer un método para llegar a demostrar que el Mundo, es decir, la Res Extensa existe.
JUEZA: ¿Cómo? Pero eso es imposible.
DESCARTES: No señoría, verá; como usted sabrá, toda la filosofía que tomábamos como base y creíamos como cierta, ya no puede considerarse como tal.
JUEZA: Sí, lo sé, del geocentrismo hemos pasado al heliocentrismo, hemos descubierto que la Tierra es redonda y no plana…
DESCARTES: Efectivamente, y, además, se ha roto la unidad religiosa por la aparición del protestantismo.
JUEZA: Sí, sí, todo eso ya lo sé. Prosiga.
DESCARTES: Pues bien, yo andaba preguntándome cómo podemos conocer y cómo conocemos, cuando me di cuenta de que no todo ha fallado, aún quedan las matemáticas, que siguen el Racionalismo, ya que parten de axiomas, de primeras verdades.
JUEZA: ¿Y con esto qué consigue?
DESCARTES: Con esto conseguí darme cuenta de que para comprobar la veracidad de las cosas debíamos saber qué principios indubitables existen, por lo que establecí la duda como método.
JUEZA: ¿La duda? ¿Y cómo es esto posible?
DESCARTES: Bueno, lo que ocurre con la duda es que es universal, ya que es aplicable a todo lo dudoso, es positiva, porque aporta razones para dudar, y es metodológica, ya que puede usarse como método para llegar al conocimiento de la verdad.
JUEZA: Pero este método está descontrolado.
DESCARTES: Al contrario, señoría, ya que he establecido una serie de reglas para imposibilitar que captemos algo falso como verdadero.
JUEZA: ¿Y cuáles son estas reglas?
DESCARTES: En primer lugar, la regla de la evidencia, ya que empezaremos por lo evidente, y no admitiremos como verdadero algo que no lo sea.
JUEZA: Bueno, esto está claro. Continúe.
DESCARTES: En segundo lugar planteo la regla del análisis, ya que debemos dividir las dificultades cuanto sea posible para resolverlas mejor. En tercer lugar tendríamos la regla del orden, ya que debemos comenzar por lo más fácil para llegar de una forma gradual a lo más difícil. Por último, usaremos la regla de la revisión, ya que haremos una revisión general para una mayor perfección y certeza de lo realizado.
JUEZA: Todo esto parece tener sentido, pero no comprendo aún cómo llegó usted hasta la Res Extensa.
DESCARTES: Señoría, hay que ir paso a paso. En primer lugar conseguí un axioma para poder apoyarme en él, y este es “Cogito ergo sum”.
JUEZA: ¿Y qué significa esto?
DESCARTES: Significa “pienso luego existo”. Porque no me negará usted que mucho he tenido que pensar para llegar a todo esto.
JUEZA: No, claro que no.
DESCARTES: Bien, pues comencé con este axioma, y llegué a la conclusión de que, aunque todos los pensamientos que tenga puedan ser falso, lo que no es falso es que tengo pensamientos, así que podemos aceptar el Yo como algo cierto, y establecer el pensamiento como atributo de este.
JUEZA: No parece que haya ninguna incongruencia. Continúa.
DESCARTES: Nadie puede negar que tenemos una idea de Dios, conocemos a un ser perfecto, infinito y omnipotente. Pero lo que no sabemos es de dónde ha salido esta idea. De modo que yo propongo que es el propio Dios el que ha colocado esta idea en nosotros de una forma innata. La idea de Dios está en mi “a priori”, antes de que yo pueda inventármela.
JUEZA: ¿Y el atributo de Dios cuál sería?
DESCARTES: La perfección, claramente.
JUEZA: Está bien. ¿Y a partir de Dios cómo continúa?
DESCARTES: Bueno, sabemos que Dios no puede engañarnos porque es un ser bondadoso, por lo que el mundo que ha creado no puede ser falso. Dios es criterio de verdad, por lo que la existencia del Mundo quedaría con él demostrada, y el atributo del Mundo es la extensión.
JUEZA: Pues a decir verdad todo esto que usted plantea tiene cierto sentido.
DESCARTES: No hay razón pues para que esté yo aquí siendo juzgado, ¿verdad?
JUEZA: Ciertamente por esto no, pero tiene usted una demanda por asustar a la gente hablando de unos espíritus.
DESCARTES: ¡Ah, sí!, los espíritus vitales, claro está.
JUEZA: ¿Y sería usted tan amable de explicarme en qué consiste esto?
DESCARTES: Verá, hace tiempo me planteé la existencia de unos agentes intermedios, que serían estos espíritus vitales, que explicarían la interacción entre cuerpo y alma. Estos espíritus eran unos corpúsculos pequeños producidos por la sangre y enviados desde el corazón a todo el cuerpo.
JUEZA: ¿Y por qué necesita usted explicar esta interacción?
DESCARTES: Es que yo pienso que el alma y el cuerpo son dos sustancias independientes, ya que pueden existir la una sin la otra, pero el hombre es un compuesto de ambas, así que deben estar unidas en algún sitio, por lo que planteo que esta unión está en el propio cuerpo, en la base del cerebelo, donde se encuentra la “Glándula Pigneal”.
JUEZA: Pero usted ha abandonado esta teoría, ¿no?
DESCARTES: Sólo la de los espíritus vitales.
JUEZA: Bueno, con eso será suficiente. Le declaro a usted inocente, pero espero que no vuelva por aquí.
DESCARTES: Gracias, señoría, intentaré que así sea.